Us facilitem un escrit de l’alumna Yasmina Benhamdouch, estudiant de 2n de batxillerat.
La Yasmina va presentar aquest escrit al concurs de Sant Jordi del seu institut, Pablo Ruiz Picasso, de Torre Baró. No podíem deixar passar l’oportunitat de fer-vos partícips d’aquesta reflexió. La Yasmina descriu el text així: «Lo presenté en la modalidad de ensayo como crítica de aquellos, muy cercanos en ocasiones, que pueden llegar a pensar que, por estar en una zona marginal, carecemos de conocimientos, cultura o sabiduría; así como en honor a todos los compañeros que me brindaron el placer de ser partícipe de sus más profundas vivencias, de las cuales extraje numerosas lecciones que me transportaron a una desembocadura común: que ni todo lo que reluce es oro, ni todo lo que ennegrece está oxidado».
Escrit:
Torre Baró – Ciutat Meridiana puede no ser el mejor barrio de Barcelona, así como tampoco el mejor de España: es el barrio con el mayor índice de desahucios, uno de los que tienen el mayor índice de venta de droga y el que ostenta el mayor índice de fracaso escolar. Nuestro barrio se podría decir que no es el más ejemplar. Con todos los datos existentes, sería absurdo afirmarlo. Sin embargo, yo lo hago. Yo afirmo que nuestro barrio, así como nuestro instituto o nuestros alumnos, son los más ejemplares.
El instituto público que tenemos, el Pablo Ruiz Picasso, puede ser criticado por miles de factores: instalaciones deterioradas, poca disciplina del alumnado, poco éxito escolar, poca implicación de las familias, etc. Pero lo que no se podría criticar en absoluto es el conocimiento que te regalan los que forman parte de él, los que lo componen.
Los alumnos de este instituto son prepotentes, criticones, bravucones, sin disciplina, rebeldes, hasta conflictivos en algunos casos. Pero esa solo es una de sus facetas, solo es la parte de ellos mismos que deciden mostrar. No obstante, hay más, hay mucho más, y eso es lo que los caracteriza, lo que los hace diferentes del resto, lo que los hace más humanos.
Hay algunos que deben enfrentarse todos los días a un padre alcohólico agresivo, a una madre desatenta, a hermanos perseguidos por bandas en ajustes de cuentas o a la simple soledad. A la presión policial, a resistirse a entrar en el bucle negro del mundo de las drogas, a miradas hirientes de personas que solo ven en ellos un color, una imagen, una apariencia y miles de ideas equivocadas. A parejas indeseables porque no encuentran amor en otra parte, a embarazos inesperados sin posibilidad de aborto para dar lo que nunca han recibido, a destinos prescritos para ellos y por otros… y, por todo ello, se les llama fracasados.
¿Fracasados por no haber tenido la oportunidad de escoger su situación? ¿Fracasados por ser capaces de seguir adelante a pesar de tal situación? ¿Fracasados por tener la valentía y el valor que otros no tienen para no hundirse en la mierda y seguir adelante? ¿Fracasados por verse obligados a subir mil y un oscuros peldaños solo para poder sobrevivir? ¿Fracasados por tener miles de problemas a resolver y, aun así, no perder el amor por los suyos, por lo suyo?
«¡Quiero ser futbolista y salir en la tele!», dicen unos chavales pequeños. «¡Pues yo quiero tener muuuucho dinero!», replican otros. «¡Ser médico mola más!», proclaman algunos. «¡Cantar es más divertido!», sentencian muchos. Parecen respuestas vacías a la pregunta anterior, pero no lo son. Suponen sus propósitos, sus sueños, sus identidades aún no encontradas, y podría decirse que suponen la única excusa por la que hoy por hoy siguen acudiendo a clases y siguen ansiando vivir. Pero eso es lo de menos; lo mejor es el brillo en sus miradas, lo mejor es darse cuenta de que están cargados de paciencia, de que están llenos de esperanzas y aspiraciones, aunque el resto del mundo se encargue de aplastarlas y hacerlas parecer insignificantes.
Estos chavales, lejos de encontrar un futuro dentro de las paredes del Picasso, encuentran cobijo, una comunidad, una unidad y unas atenciones que fuera de allí desaparecen. Si bien pueden decirnos que les interesa lo más mínimo su éxito escolar, no pueden afirmar que aborrecen la calidez humana que desprenden sus muros. Y no hay muchos institutos que puedan asegurar que sus alumnos amen acudir a clases solo por la estabilidad y el cariño que en él encuentran. Y, de hecho, tiene más mérito que tus alumnos consideren a la comunidad del instituto como un minihogar, aunque sin llegar a afirmarlo de viva voz, que no que lo consideren como un lugar donde se explotan sus conocimientos para recibir reconocimiento social: «El instituto Anonymus, situado en el distrito de Sarrià – Sant Gervasi, ofrece la máxima excelencia, pues el 98 % de sus alumnos termina la etapa de bachillerato con una nota media de 8». También terminan la etapa con una alta insensibilidad por los temas sociales, así como con una alta ignorancia en temas corrientes, como por ejemplo las enfermedades raras o minoritarias.
Los alumnos del Picasso somos conocidos por muchas boberías, demasiadas leyendas; por eso solo al formar parte de él comprendes lo que es… Pueden considerarnos fracasados, pero lo que nunca podrán afirmar sobre nosotros es el hecho de ser infelices. Eso sería mentir, mentir a lo grande… porque, aun siendo fracasados a los ojos del resto del planeta, tenemos más que ellos. Pues el que no tiene familia de sangre, tiene compañeros que darían hasta la vida por él; el que no tiene amor de padre tiene la atención del profesorado; el que no tiene dinero tiene sonrisas infinitas; el que no tiene madre tiene hijo; el que tiene hermanos encarcelados tiene la esperanza de verlos libres; el que no tiene aprobados tiene coraje y valentía para enfrentarse al mundo exterior; el que no tiene hogar tiene el instituto; y el que no tiene amor tampoco tiene odio… El dinero se agota, los títulos carecen de valor si se compran con dinero y no con esfuerzo, las camisas Gucci se hacen pequeñas y se tiran, el caviar se digiere y se pierde en las cloacas, el bótox no te hace inmortal, las empresas no sustituyen a los hijos aunque así se pretenda, la niñera nunca será la madre, una mansión nunca será un hogar, y arreglarse por fuera nunca hará que se sea más bello por dentro. En cambio, el amor, la valentía, la esperanza, el coraje, las dificultades, los problemas, el dolor, la muerte…, todo aquello que te hace ser humano es por lo que se debe luchar. Y todo aquello es lo que aquí tenemos. Lo que nosotros tenemos y otros quizás no.
Tenemos un conocimiento bañado en oro que pocos poseen y del cual pocos pueden alardear; tenemos todo un conjunto de cicatrices que diseñan el mejor de los cuadros jamás pintado; todo un conjunto de gritos desgarradores y llantos profundos que componen la mejor de las melodías; todo un conjunto de lágrimas amargas que devienen el mejor cóctel; todo un conjunto de senderos caminados forjados de espinas que crean el mejor de los mundos; y todo un conjunto de recuerdos lejanos que constituyen la más galardonada película. Poseemos la esencia de la vida y del vivir, el elixir de la eterna mortalidad, pues no buscamos detener el tiempo, buscamos hacer cada momento más largo porque sabemos cuán banal es la vida y cuán intenso ha de ser cada momento para que así merezca la pena haberlo vivido. Y por eso nosotros somos más ricos y más listos también, aunque sigamos cometiendo graves errores de ortografía…
A todo esto, ¡creo que ser un fracasado es genial! Ser un fracasado implica ser como yo, o él, o ella, o todos nosotros, y eso no es algo fácil. Así que un hurra por los fracasados y por la parte más agria de la vida, que es la que te da motivos para luchar y reivindicarte y ser prepotente, criticón, bravucón, sin disciplina, rebelde, hasta conflictivo en algunos casos. Hurra por la vida y el vivir por encima de cualquier dificultad. Hurra por ser valiente, por ser fuerte con coraje y por seguir para adelante bajo cualquier concepto. Un hurra por el que forma parte del Picasso y de este barrio del Tercer Mundo.
Y hurra por ser yo por encima de cualquier cosa y por comprender el mundo mejor que cualquiera de los que lo dirige.
Yasmina Benhamdouch